Los loas invocados (puede ser uno solo) llegan al “peristilo” (recinto ritual) o al
“hounfort” (templo), y una manifestación de la presencia del loa es la posesión, al
“montar” (poseer) un “caballo” (palabra creole “chwal” – fr. cheval “caballo” - un
devoto participante en el ritual), se dice que este está “montado”, esto puede ser
bastante violento ya que el participante puede revolcarse o convulsionarse antes de
caer al suelo, aunque algunos loas, como Azïan, montan sus “caballos” de forma
silenciosa. En la posesión el devoto sirve como canal de manifestación del loa, a través
de esto, algunos loas muestran un comportamiento muy distintivo, p. ej. frases y
acciones específicas, por las cuales puede ser reconocido. Tan pronto como se
reconozca a un loa determinado, se le entregarán los símbolos correspondientes, p. ej.
a Èrzulie Fréda se le dará una copa de champagne rosado, se la rociará con sus
perfumes, se le entregarán finos regalos y alimentos o, incluso, se le pondrán sus joyas;
Legba recibirá su bastón, su sombrero de paja y su pipa; el Barón Samedi, quien a
menudo cae al suelo, es vestido por los participantes quienes lo preparan como en una
funeraria, incluso taponando su nariz con algodón. Una vez que el loa ha llegado, ha
sido alimentado y servido y, con frecuencia, dado la ayuda y el consejo solicitados por
sus fieles, abandonan el recinto, pero ciertos loas, como los Guédé, son conocidos por
ser obstinados y reclaman, antes de irse, un cigarrillo o una bebida, en este caso el
houngan o la mambo, tienen la responsabilidad de mantener controlados a estos loas
pero cuidando de que estén bien atendidos.