La segunda ley de la Magia práctica es la ley de transmisión (también llamada contagio) y forma la base teórica para trabajar activamente con un objeto en Magia práctica. Si el mago tiene en su posesión un mechón de pelo (o incluso una foto) del blanco humano, uno puede proceder sobre él en cualquier forma deseada y esto traerá como efecto que cualquier cosa hecha a este pelo también sucederá al blanco humano. El grado de tal enlace puede variar grandemente: casi siempre depende decisivamente de cómo de bien el mago puede encontrar el ritmo del campo de energía del blanco humano. Algunos magos pueden ajustarse mágicamente a una persona, simplemente conociendo su nombre, mientras que otros pueden necesitar una más comprensible información, así como unos estímulos más fuertes, por ejemplo habiendo visto, o hablado, o habiendo tocado a la persona, o poseyendo una foto u otro objeto del individuo. En esto podemos ver que la variable E puede solamente ser determinada bastante subjetivamente, lo cual naturalmente se aplica al grado de trance también. Podemos comprender nuestro enlace mágico como el grado de empatía (armonía) entre nosotros mismos y el blanco humano u objeto. Hay sin embargo, un más sutil aspecto de la variable E, particularmente la aptitud real del mago para la acción deseada, y hay de hecho especialistas en cada campo de la Magia, aunque todo mago serio hace todo lo posible en desarrollar sus habilidades con tanta flexibilidad como le sea posible. Pero la aptitud del mago para lograr la meta deseada juega un rol aquí también. Una persona que tiene una relación insana con el dinero, raramente será exitosa en la Magia para el dinero. El mejor enlace mágico es seguramente una precisa imagen mental de la meta deseada o blanco humano. Por supuesto, precisa en este caso significa precisión emocional más bien que física. Si el mago hace una muñeca para representar a una blanco humano, no importa si esta imagen se parece exactamente a él o ella en cada detalle, como si fuera una fotografía, sino que más bien es mucho más importante que una fuerte identidad sea establecida entre la marioneta y el blanco humano. El mejor estado mental para hacer esto es el que Spare denominó "no interesado/no desinteresado